El secreto de la marraqueta artesanal que mantiene viva a una histórica panadería de San Bernardo

Panadería Bulnes, ubicada en pleno centro de San Bernardo, continúa una tradición familiar de más de cuatro décadas elaborando pan artesanal y abasteciendo a almacenes y casinos corporativos de la comuna.

La historia de Panadería Bulnes, ubicada en calle Bulnes en la comuna de San Bernardo, está profundamente ligada al desarrollo comercial y a la historia de los inmigrantes que llegaron a Chile a mediados del siglo pasado.

Ángela San Juan, actual presidenta de la Cámara de Comercio de San Bernardo y responsable del negocio junto a su hermano Julio, recuerda que sus padres, Antonio San Juan y Felicidad Flórez, llegaron a Chile en 1950 desde Valderó, España, acompañados de cuatro hijos. Tras vivir aproximadamente un año en el país, nació Ángela.

“Mi padre comenzó trabajando como matarife en el barrio Franklin. Hace más de 46 años los dueños de esta panadería, que también eran españoles, decidieron vender el negocio. Mi hermana Pilar tenía algunos ahorros y entre todos decidimos continuar con la panadería”, recuerda.

En 1978 la familia compró el local y desde entonces el trabajo ha continuado de generación en generación. Con el tiempo, el negocio familiar se consolidó como un punto tradicional del barrio, reconocido especialmente por su pan artesanal.

El valor de la marraqueta artesanal

Para Ángela San Juan, los productos más representativos de la panadería tradicional chilena son la marraqueta y la hallulla, siendo la primera el sello principal del local.

“El secreto está en sacar una buena marraqueta. Según mi experiencia, tiene mayor salida la que se corta y se dobla a mano, aunque el batido se haga en máquina. No sabemos exactamente por qué, pero su sabor es distinto. Por eso muchos prefieren la marraqueta artesanal”, explica.

En Chile, la marraqueta es uno de los panes más consumidos y forma parte importante de la identidad gastronómica del país. A diferencia de otros panes europeos, se caracteriza por su textura crujiente por fuera y esponjosa por dentro.

Producción diaria y abastecimiento local

Las jornadas en la panadería comienzan temprano. El proceso de elaboración del pan se inicia alrededor de las 8:00 de la mañana, y el primer pan sale del horno cerca de las 12:30.

La marraqueta requiere entre tres y cuatro horas de elaboración, mientras que la hallulla puede demorar cerca de tres horas.

Actualmente, además de vender directamente al público, Panadería Bulnes abastece a almacenes del sector sur de San Bernardo y también a casinos corporativos de industrias de la zona.

“Tenemos un sistema de distribución que contempla tres salidas diarias”, comenta San Juan, agregando que muchos clientes encargan el pan completo elaborado a pedido.

Competencia y adaptación del negocio

Como ocurre en gran parte del rubro panadero, la competencia con grandes cadenas es fuerte. Sin embargo, la tradición, la calidad y el sabor artesanal continúan siendo factores diferenciadores.

“Hoy vendemos cerca de 20 kilos diarios de pan. Antes una panadería podía vender hasta 100 kilos, pero hoy existen muchos emprendimientos que también producen pan”, explica.

Para adaptarse a los cambios del mercado, la panadería incorporó además un pequeño almacén de abarrotes que complementa su oferta para los vecinos del sector.

¿Qué caracteriza a una buena marraqueta?

Según Ángela San Juan, una buena marraqueta debe cumplir varias características:

  • No llevar grasa en su preparación.

  • Tener un color dorado uniforme.

  • Ser crujiente por fuera y liviana por dentro.

  • Contar con una buena fermentación.

En cambio, la hallulla sí requiere aditivos para lograr mayor sabor, pudiendo incluir manteca de cerdo o grasa de vacuno.

Tradición que continúa en San Bernardo

Con más de cuatro décadas de historia familiar, Panadería Bulnes sigue siendo parte del tejido comercial de la comuna y un ejemplo de cómo los negocios tradicionales continúan adaptándose sin perder su esencia.

En cada marraqueta recién salida del horno se mantiene viva una historia de esfuerzo, inmigración y trabajo familiar que sigue alimentando a generaciones de vecinos de San Bernardo.

El secreto de la marraqueta artesanal que mantiene viva a una histórica panadería de San Bernardo

Panadería Bulnes, ubicada en pleno centro de San Bernardo, continúa una tradición familiar de más de cuatro décadas elaborando pan artesanal y abasteciendo a almacenes y casinos corporativos de la comuna.

La historia de Panadería Bulnes, ubicada en calle Bulnes en la comuna de San Bernardo, está profundamente ligada al desarrollo comercial y a la historia de los inmigrantes que llegaron a Chile a mediados del siglo pasado.

Ángela San Juan, actual presidenta de la Cámara de Comercio de San Bernardo y responsable del negocio junto a su hermano Julio, recuerda que sus padres, Antonio San Juan y Felicidad Flórez, llegaron a Chile en 1950 desde Valderó, España, acompañados de cuatro hijos. Tras vivir aproximadamente un año en el país, nació Ángela.

“Mi padre comenzó trabajando como matarife en el barrio Franklin. Hace más de 46 años los dueños de esta panadería, que también eran españoles, decidieron vender el negocio. Mi hermana Pilar tenía algunos ahorros y entre todos decidimos continuar con la panadería”, recuerda.

En 1978 la familia compró el local y desde entonces el trabajo ha continuado de generación en generación. Con el tiempo, el negocio familiar se consolidó como un punto tradicional del barrio, reconocido especialmente por su pan artesanal.

El valor de la marraqueta artesanal

Para Ángela San Juan, los productos más representativos de la panadería tradicional chilena son la marraqueta y la hallulla, siendo la primera el sello principal del local.

“El secreto está en sacar una buena marraqueta. Según mi experiencia, tiene mayor salida la que se corta y se dobla a mano, aunque el batido se haga en máquina. No sabemos exactamente por qué, pero su sabor es distinto. Por eso muchos prefieren la marraqueta artesanal”, explica.

En Chile, la marraqueta es uno de los panes más consumidos y forma parte importante de la identidad gastronómica del país. A diferencia de otros panes europeos, se caracteriza por su textura crujiente por fuera y esponjosa por dentro.

Producción diaria y abastecimiento local

Las jornadas en la panadería comienzan temprano. El proceso de elaboración del pan se inicia alrededor de las 8:00 de la mañana, y el primer pan sale del horno cerca de las 12:30.

La marraqueta requiere entre tres y cuatro horas de elaboración, mientras que la hallulla puede demorar cerca de tres horas.

Actualmente, además de vender directamente al público, Panadería Bulnes abastece a almacenes del sector sur de San Bernardo y también a casinos corporativos de industrias de la zona.

“Tenemos un sistema de distribución que contempla tres salidas diarias”, comenta San Juan, agregando que muchos clientes encargan el pan completo elaborado a pedido.

Competencia y adaptación del negocio

Como ocurre en gran parte del rubro panadero, la competencia con grandes cadenas es fuerte. Sin embargo, la tradición, la calidad y el sabor artesanal continúan siendo factores diferenciadores.

“Hoy vendemos cerca de 20 kilos diarios de pan. Antes una panadería podía vender hasta 100 kilos, pero hoy existen muchos emprendimientos que también producen pan”, explica.

Para adaptarse a los cambios del mercado, la panadería incorporó además un pequeño almacén de abarrotes que complementa su oferta para los vecinos del sector.

¿Qué caracteriza a una buena marraqueta?

Según Ángela San Juan, una buena marraqueta debe cumplir varias características:

  • No llevar grasa en su preparación.

  • Tener un color dorado uniforme.

  • Ser crujiente por fuera y liviana por dentro.

  • Contar con una buena fermentación.

En cambio, la hallulla sí requiere aditivos para lograr mayor sabor, pudiendo incluir manteca de cerdo o grasa de vacuno.

Tradición que continúa en San Bernardo

Con más de cuatro décadas de historia familiar, Panadería Bulnes sigue siendo parte del tejido comercial de la comuna y un ejemplo de cómo los negocios tradicionales continúan adaptándose sin perder su esencia.

En cada marraqueta recién salida del horno se mantiene viva una historia de esfuerzo, inmigración y trabajo familiar que sigue alimentando a generaciones de vecinos de San Bernardo.

El secreto de la marraqueta artesanal que mantiene viva a una histórica panadería de San Bernardo

Panadería Bulnes, ubicada en pleno centro de San Bernardo, continúa una tradición familiar de más de cuatro décadas elaborando pan artesanal y abasteciendo a almacenes y casinos corporativos de la comuna.

La historia de Panadería Bulnes, ubicada en calle Bulnes en la comuna de San Bernardo, está profundamente ligada al desarrollo comercial y a la historia de los inmigrantes que llegaron a Chile a mediados del siglo pasado.

Ángela San Juan, actual presidenta de la Cámara de Comercio de San Bernardo y responsable del negocio junto a su hermano Julio, recuerda que sus padres, Antonio San Juan y Felicidad Flórez, llegaron a Chile en 1950 desde Valderó, España, acompañados de cuatro hijos. Tras vivir aproximadamente un año en el país, nació Ángela.

“Mi padre comenzó trabajando como matarife en el barrio Franklin. Hace más de 46 años los dueños de esta panadería, que también eran españoles, decidieron vender el negocio. Mi hermana Pilar tenía algunos ahorros y entre todos decidimos continuar con la panadería”, recuerda.

En 1978 la familia compró el local y desde entonces el trabajo ha continuado de generación en generación. Con el tiempo, el negocio familiar se consolidó como un punto tradicional del barrio, reconocido especialmente por su pan artesanal.

El valor de la marraqueta artesanal

Para Ángela San Juan, los productos más representativos de la panadería tradicional chilena son la marraqueta y la hallulla, siendo la primera el sello principal del local.

“El secreto está en sacar una buena marraqueta. Según mi experiencia, tiene mayor salida la que se corta y se dobla a mano, aunque el batido se haga en máquina. No sabemos exactamente por qué, pero su sabor es distinto. Por eso muchos prefieren la marraqueta artesanal”, explica.

En Chile, la marraqueta es uno de los panes más consumidos y forma parte importante de la identidad gastronómica del país. A diferencia de otros panes europeos, se caracteriza por su textura crujiente por fuera y esponjosa por dentro.

Producción diaria y abastecimiento local

Las jornadas en la panadería comienzan temprano. El proceso de elaboración del pan se inicia alrededor de las 8:00 de la mañana, y el primer pan sale del horno cerca de las 12:30.

La marraqueta requiere entre tres y cuatro horas de elaboración, mientras que la hallulla puede demorar cerca de tres horas.

Actualmente, además de vender directamente al público, Panadería Bulnes abastece a almacenes del sector sur de San Bernardo y también a casinos corporativos de industrias de la zona.

“Tenemos un sistema de distribución que contempla tres salidas diarias”, comenta San Juan, agregando que muchos clientes encargan el pan completo elaborado a pedido.

Competencia y adaptación del negocio

Como ocurre en gran parte del rubro panadero, la competencia con grandes cadenas es fuerte. Sin embargo, la tradición, la calidad y el sabor artesanal continúan siendo factores diferenciadores.

“Hoy vendemos cerca de 20 kilos diarios de pan. Antes una panadería podía vender hasta 100 kilos, pero hoy existen muchos emprendimientos que también producen pan”, explica.

Para adaptarse a los cambios del mercado, la panadería incorporó además un pequeño almacén de abarrotes que complementa su oferta para los vecinos del sector.

¿Qué caracteriza a una buena marraqueta?

Según Ángela San Juan, una buena marraqueta debe cumplir varias características:

  • No llevar grasa en su preparación.

  • Tener un color dorado uniforme.

  • Ser crujiente por fuera y liviana por dentro.

  • Contar con una buena fermentación.

En cambio, la hallulla sí requiere aditivos para lograr mayor sabor, pudiendo incluir manteca de cerdo o grasa de vacuno.

Tradición que continúa en San Bernardo

Con más de cuatro décadas de historia familiar, Panadería Bulnes sigue siendo parte del tejido comercial de la comuna y un ejemplo de cómo los negocios tradicionales continúan adaptándose sin perder su esencia.

En cada marraqueta recién salida del horno se mantiene viva una historia de esfuerzo, inmigración y trabajo familiar que sigue alimentando a generaciones de vecinos de San Bernardo.